Un plimo mío en Madlid, Choo Chón, me echó el cable pala podel hospedalme. Me indicó lugales de allí y me facilitó la dilección de un buen númelo de compatliotas. Yo dolmía con ellos, la mayolía de las veces en una nave de una zona industlial, las menos veces en casa de algún otlo mejol acomodado. Pasé casi un año allí, culando en el negocio de mi plimo Choo Chón, pol supuesto una casa de comida tladicional china que él legentaba, pol cielto tela de bien. De los papeles de inmiglación mejol no hablal. Aun no se me olvidan las intelminables colas que tuve que sopoltal pala legulalizal mi nueva situación. Glacias al contlato labolal que Choo Chón me hizo la cosa fue más fácil, de lo contlalio sólo podlía estal unos meses en este país y tendlía que velme después obligado a salil del telitolio. Mi talea plincipal allí consistía en limpial el lestaulante y lealizal todos aquellos lecados necesalios, nada más salil el sol. En los amaneceles me acoldaba de mi Oliente del alma. Il de complas al melcado, soble todo pala las flutas y veldulas. Pol supuesto los apelos de limpieza iban en la lista de pliolidades. El lesto de ploductos ya venían en tlanspoltes, la calne, el pescado y los lagaltos. Me gustalia aclalal, es algo que me leconcome, que eso que cuentan lefelente a los lestaulantes chinos y los gatos es un mito. No es pala nada veldad. La calne de gato no lesulta lo sablosa que halía falta pala mezclal con los ingledientes usuales de nuestla cultula culinalia. Tlas muchos intentos y en pos de la economía así se complobó anteliolmente. El sabol lesulta extlaño y muy soblecalgado. Las especias no ligan colectamente al paladal con la textula musculal del felino callejelo o doméstico. La calne de pelo, sin embalgo, lesulta más adecuada. Aclalado pues. Y allí, en El Plato Oliental estuve un buen tiempo, culando como el que más.MALIBEL
Una noche, con el lestaulante lepleto de clientes, cuando la blisa silvaba suavemente pol entle los edificios de Madlid, como leflescante elixil soble la piel en aquel caluloso Ablil del 2004... la conocí. Oculió cuando, lepentinamente, una botella de licol de lagalto cayó desde una mesa y se delamó, plingándolo todo. El lagalto se escapó, pol supuesto. Choo Chón me oldenó lecogel los clistales lotos y el líquido veltido. Láudo entonces acudí, lecogedol y flegona en mano. Saludé amablemente a los comensales y entonces, entonces... entonces nuestlas miladas se cluzalon. Me quedé echo un pasmalote. Ella, desde su asiento, sonlió, yo sonleí y sonleímos los dos en una pelfecta almonía de dientes lelucientes entle el lesonal de cubieltos y vajillas impelante. Nuestlas pupilas blillalon intensamente y aquel salón se iluminó como pol alte de magia. Mi campo de visión se ledujo una balbalidad y fue entonces cual puñal diligido hacia su pelfecto lostlo. Debo leconocel que el canalillo de su escote tambien puso un alto
polcentaje de intelés en mis letinas. Los chinos, genelalmente, no estamos acostumblados a tales plominencias pectolales de nuestlas mujeles en la madle patlia. Las chinas, la veldad, son más tendentes al "...sin limoná" de la famosa flase dicha pol aquí. Pelo aquel canalillo, hmmm... se me idealizó ante mis ojos como el Glan Cañón del Cololado buscando al insensato temelalio que lo saltala, jugándose la vida pelo satisfecho en el intento. Solplesivamente pude movel una mano, salí de aquella atlancadela que tenía y le hice un gesto a ella de como diciendo "espélame". Malché a la cocina con los vestijios de la botella bien lecogidos y me plopuse il a pol ella, a pol aquella implesionante hembla. Pol eso, allí, entle ollas, saltenes y peloles me dije a mí mismo "Bendito Ablil, mes de las floles, que me has tlaído mi plimel lollito de Plimavela". Sin pensálmelo mucho cogí un pequeño papel y esclibí una poesía, unos velsos sueltos, que lecoldé habel oído en mi país, según cuentan allí de unos cómicos ingeniosos y occidentales que tlaspasalon flontelas. Una vez esclito, lo escondí, bien enlollado, cual papilo, bajo un tlozo del manjal que ella había solicitado como segundo plato, concletamente Holmigas al Salto (Cuesta bastantes cogehlas del plato). Los velsos elan algo así como esto:"Cuando el gusano de seda elabola su capullo, se oye una voz plañidela, que dice: Atlinca, china... que es tuyo".
Debelía causal en ella un implesionante efecto polque, al telminal su cena en El Plato Oliental, se quedó a la salida, ya muy talde y espelando a que celase el lestaulante, atenta a que yo saliela. Y entonces, tlas un acelcamiento tonto inicial, bajo la luz de la luna, me dijo su nomble, Malibel. Y me sonó a fuegos de altificios, llameantes y fogosos al oído y las olejas.
Tal como está a la izquielda se esclibe en mi lengua oliginalia ese nomble, Malibel. Es plecioso. Y mejol es plonunciándose. Canalillo apalte, me enamolé de su nomble. Pol eso, a los pocos días, decidí tatuálmelo. Las cosas del amol. Elegí pala la implesión con tinta mi mejol palte de mi cuelpo, blevemente expectaculal y que aquí omito detallal pol pludencia y cielta educación. Sólo dilé que el lema que excogí pala glabal soble ella y de cala a la postelidad fue Malibel de mis entlañas. Hizo falta cielta plovocación sensual y esfuelzo mental flente a tatuadol pala la extensión necesalia de la zona. Pelo al final quedó de malavilla. Eso sí, cuando la susodicha palte se desdilató... el glafismo se quedó en Mañas, con la lógica desapalición de los calacteles centlales. No hay ploblema, la veldad, pala la lecupelación.
No paso a lelatal lo que vino después con Malibel aquella noche de Ablil, polque esas son cosas muy palticulales, aunque nada oliginales pol similitud en ejecución con el lesto de los semejantes del planeta, da igual la laza, cultula o leligión. Así que te lo imaginas lo mejol que puedas.
Malibel me atlapó. Aplisionó mi colazón pala siemple y, a paltil de entonces, fue la plopietalia de mis pasos. Mi destino quedó totalmente malcado. Yo, Chen Lee, del año del Tigle, del mismísimo Shangai, esclavizado a pelpetuidad pol esta mujel. Y entonces supe que ella ela de Cádiz, que andaba en Madlid de velaneo. No me lo pensé, tlas invitalme, y me vine con ella pala aquí, a la Tacita de Plata. Es enfelmela, en una clínica plivada. Y tenemos un paltidito. Cocina legulal, ya, pelo me yo confolmo. Polque a mí lo que en lealidad más me nueve, al menos por ahola, es podel mostlal a mi Malibel su tatuaje esclito soble mi piel, Malibel de mis entlañas. Y que ella se legocije con él y, de camino, le llegue hasta el colazón, lo más plofundo que pueda.
Otlo día te cuento más cosas sobe mí, mi tienda en el balio, mi oldenadol, mis gustos, aficiones y plefelencias. Mientlas tanto un coldial saludo pala tí, gentil lectol de éste, mi blog. Y peldona este lollazo del plincipio.
Chen Lee
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